sábado, 6 de julio de 2013

"La Cruz de las Mujeres", un romance de Heliodoro Ceballos Velasco

El pasado día 3, de acuerdo con el santoral católico, “fue mi santo”. Así se decía antes. El santo al que mis padres me ataron por vida, San Heliodoro, es de los más antiguos; anacoreta, estudioso, caritativo, claro está, y ,cómo no, obispo. En fin un modelo de los que entonces se llevaban.

Era también el santo de mi padre, Heliodoro Ceballos Velasco
El poeta, en
 su juventud
Estaba yo releyendo, en su recuerdo, algunos de sus poemas, cuando me he encontrado con la sorpresa de ver publicado en el quincenario Adarve (1) de Priego de Córdoba, la ciudad en que él nació, el romance titulado “La Cruz de las Mujeres”.

Con motivo de esta fecha significativa pensaba publicar otros versos, pero prefiero hoy dar a conocer aquí “la cruz de las mujeres” por ser uno de los últimos poemas que compuso.

El romance se basa en el trágico suceso , ocurrido en Priego de Córdoba, en el que dos mujeres mutuamente se dieron muerte, por amor a un mismo joven, y en cuyo recuerdo aún subsiste una sencilla cruz en el lugar en que, según la tradición, ocurrió el luctuoso hecho. 
Fue escrito en 1945 , para atender la petición de Juan Soca de que le enviara algunos versos, que serían incluidos en una antología (2) de poetas inéditos, que estaba preparando la editorial Gráficas Flora , y cuya coordinación él llevaba.



El romance tal como se publicó en el libro decía así:

La Cruz de las Mujeres

Entre verdes olivares
y en monte cercano a Priego
con su trágica leyenda
se yergue una cruz de yeso.
Manos piadosas encienden
diariamente el recuerdo
de dos tiernos corazones
que de amores se prendieron
en las redes del hechizo
de un mocito pinturero.
¡Es la cruz de las mujeres!
Historia de amor y celos.
Sendas navajas que, ansiosas,
en carne moza se hundieron
...
Era Rosa una morena
rival del sol y del fuego,
y era Consuelo una rubia
con ojos color de cielo,
tan blanca como un suspiro,
tan limpia como un lucero.
¡Y la rubia y la morena
eran orgullo de Priego!
Como alegres mariposas,
sus corazones ingenuos
por un apuesto galán
al unísono latieron
y en la pira del Amor
sus almas se derritieron.
Era el galán un buen mozo,
alegre y dicharachero.
Veinte abriles en sus ojos
y anillos mil en el pelo.
Simpaticón y gallardo
y, cual don Juan, mujeriego.
...
Entre verdes olivares
y en monte cercano a Priego,
retozón y cantarino,
corre alegre un arroyuelo,
que a las mujeres servía
de círculo y lavadero.
Quiso el Destino, señor
de lo malo y de lo bueno
que en aquella tarde azul
del azulado febrero
dejasen solas lavando
a la Rosa y la Consuelo.
Mientras lavaban calladas
¿que fatales pensamientos
cruzaban, huracanados,
por aquellos dos cerebros?
¡Pobres niñas caminantes
por amor hacia el infierno!
Indiferente, la tarde
lanzaba su adiós postrero,
y la noche, cautamente,
iba extendiendo sus velos.
En silencio, las muchachas
sus lindos cuerpos irguieron
y en sus ojos ¡tan hermosos!
brotaron odios y anhelos.
En sus diestras, bravamente,
las navajas relucieron..
y las linfas cristalinas
del cantarino arroyuelo
en sus encajes de plata
llevaron, como un trofeo,
la sangre tibia y ardiente
de dos que mueren de celos
...
Caminante, enamorado
de lo trágico y lo bello,
si vas por la carretera
que de Cabra llega a Priego,
no soslaye tu mirada
esa humilde cruz de yeso.
¡Que es la Cruz de las Mujeres!
Historia de amor y celos.
Dos navajas que brillaron
y en sangre moza se hundieron.
Heliodoro Ceballos Velasco
Alcalá de Henares 1945
........

Pero el texto original manuscrito, encontrado entre los papeles de mi padre, no coincide plenamente con el publicado. Puede ser interesante comparar ambos textos y enjuiciar el mayor o menor acierto en las correcciones o supresiones que llevó a cabo antes de la publicación. A continuación reproduzco el original, utilizando letras cursivas en aquellos versos que sufrieron variación, para facilitar el cotejo:



      Entre verdes olivares,
      y en monte cercano a Priego
      con su trágica leyenda
      existe una cruz de yeso
      Manos piadosas encienden
      diariamente el recuerdo
      de dos tiernos corazones
      que de amores se prendieron
      en el hechizo gitano
      de un mocito pinturero.
      ¡Es la Cruz de las Mujeres!
      ¡Historia de amor y celos!
      Dos navajas que brillaron
      y en carne moza se hundieron.

       Era Rosa una morena
       envidia del sol y el fuego,
       mar encrespado y oscuro
       era su mata de pelo
       que orgullosa, acariciaba
       su espalda de terciopelo;
       y sus ojos soñadores
       con endiablados reflejos
       como puñales de amor
       se clavaban en el pecho.

       Y era Consuelo una rubia
       con ojos color de cielo,
       tan blanca como un suspiro,
       tan limpia como un lucero.
       ¡Espumita de los ríos
       que en su alegre burbujeo
       llenaba los corazones
      de embriagadores deseos!

       Eran vecinas y amigas
       y nunca roce tuvieron.
       La rubita y la morena
       eran orgullo de Priego.
       pero el Destino, Señor
       de lo malo y de lo bueno,
       trocó la amistad sincera
       en intranquilos recelos.
       Fue la causa un mozalbete
       alegre y dicharachero,
       veinte abriles en sus ojos
       y anillos mil en el pelo.
       Simpático, enamorado,
       algo flamenco y parlero.
       Valiente como un Don Juan
       y cual don Juan mujeriego.

       Como tiernas mariposas
        sus corazones ingenuos
        por el apuesto galán
        al unísono latieron
        y en la pira del querer
        sus almas se derritieron.
      ¿A cuál él preferiría?
      ¿Cuál lograría su anhelo?
      ¿Tal vez Rosa la morena?
      ¿Tal vez la rubia Consuelo?
        Enigmáticas respuestas
        que en su peligroso juego
        el mocito iba dejando
        que las resolviera el tiempo,
        y orgulloso de su suerte
        con maña y refinamiento
        cada hora, cada día,
        iba, cobarde, tejiendo.

Entre verdes olivares
y en monte cercano a Priego,
retozón y cantarino,
corre alegre un arroyuelo,
que a las mujeres servía
de círculo y lavadero.
Quiso la suerte que rige
todo lo malo y lo bueno
que en aquella tarde azul
del azulado febrero
dejasen solas lavando
a la Rosa y la Consuelo.
Mientras lavaban calladas
¿qué fatales pensamientos
cruzaban, huracanados,
por aquellos dos cerebros?
¡Pobres niñas caminantes
por amor hacia el infierno!
Indiferente, la tarde
lanzaba su adiós postrero,
y la noche, cautamente,
iba extendiendo sus velos.
En silencio, las muchachas
sus lindos cuerpos irguieron
y en sus ojos ¡tan hermosos!
rayos de odio nacieron.
En sus diestras, bravamente,
las navajas relucieron..
y las linfas cristalinas
del cantarino arroyuelo
en sus encajes de plata
llevaron, como un trofeo,
la sangre tibia y ardiente
de dos que mueren de celos
...
Caminante, enamorado
de lo trágico y lo bello,
si vas por la carretera
que de Cabra llega a Priego,
no soslaye tu mirada
esa humilde cruz de yeso.
¡Que es la Cruz de las Mujeres!
Historia de amor y celos.
Dos navajas que brillaron
y en sangre moza se hundieron.


(1).- “Un romance y un relato sobre un mismo hecho. La cruz de las mujeres” , por Enrique Alcalá Ortiz, en “Adarve” Quincenario independiente. Priego de Córdoba. 1 de julio de 2013



(2).- “Más de 100 poetas inéditos. (Antología Española)”. 1946. Gráficas Flora. Cabra (Córdoba), Página 48 y ss.

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